Con la libertad que da el haber cumplido los deberes del día, no obligaciones, me dirijo hacia mi hogar. Mi ritmo al andar lo marcan unos paso que me siguen. No dejo de pensar en otra cosa. Esos pasos tras de mi, pasos desconocidos, pasos que me miran. No corro, simplemente trato de mantener un ritmo que me mantenga a una distancia constante de esos pasos amenazantes que me persiguen con un caminar que casi es arrastrarse.
Algo distrae mi atención de los anónimos pies que marcan mi ritmo: una pareja (heterosexual, claro, que las mariconadas aquí no tienen cabida) viene de frente hacia mi. Son relativamente jóvenes y discuten. El hombre un par de metros por delante como cansado de todo. Como con una hostia bajo el brazo, una hostia que seguramente se guarde para un lugar mas intimo. Espero estar equivocado, claro. La mujer conteniendo las lágrimas, algunas si otras no. conteniendo también el grito que quiere ser su queja, y quedando esta en una especie de berrinche infantil.
Me cruzo con ellos. El hombre no parece querer decir nada. La mujer no para. Yo sigo mi camino. Otra pareja se acerca. Esta camina más despacio. Sin decirse nada. Cogidos del brazo. Sin mirarse. No hablan, no discuten, guardan las formas. Estos son más mayores. Son una viejecita y un viejecito. En sus ojos, una vida juntos. ¿Feliz? No se sabe. Tal vez si, espero. Tal vez no, pero guardan las apariencias, al menos las formas.
Las dos parejas ya quedaron atrás. Trato de pensar en mis cosas… y otra vez los pasos que marcan mi ritmo. Pasos desconocidos.
Algo distrae mi atención de los anónimos pies que marcan mi ritmo: una pareja (heterosexual, claro, que las mariconadas aquí no tienen cabida) viene de frente hacia mi. Son relativamente jóvenes y discuten. El hombre un par de metros por delante como cansado de todo. Como con una hostia bajo el brazo, una hostia que seguramente se guarde para un lugar mas intimo. Espero estar equivocado, claro. La mujer conteniendo las lágrimas, algunas si otras no. conteniendo también el grito que quiere ser su queja, y quedando esta en una especie de berrinche infantil.
Me cruzo con ellos. El hombre no parece querer decir nada. La mujer no para. Yo sigo mi camino. Otra pareja se acerca. Esta camina más despacio. Sin decirse nada. Cogidos del brazo. Sin mirarse. No hablan, no discuten, guardan las formas. Estos son más mayores. Son una viejecita y un viejecito. En sus ojos, una vida juntos. ¿Feliz? No se sabe. Tal vez si, espero. Tal vez no, pero guardan las apariencias, al menos las formas.
Las dos parejas ya quedaron atrás. Trato de pensar en mis cosas… y otra vez los pasos que marcan mi ritmo. Pasos desconocidos.


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