Monday, May 15, 2006

La fábula del árbol que no hacia sombra

El suave viento de poniente mecía dulce las hojas de los grandes abetos y pinos, los últimos haces de luz de un atardecer naranja, bañaban huertas y prados, ríos y valles, casas y cortijos.
El pañuelo impregnado de sudor, del duro trabajo, se doblo un par de veces y se lo introdujo en el bolsillo. Llevaba toda la tarde sacando patas del huerto, y el cansancio despertaba en el joven agricultor leves dolores en espalda y brazos. El sol casi se había puesto y nuestro joven amigo decidio que era suficiente por hoy, cerró los ultimos sacos con fuertes nudos y cargo la pesada mercancía hacia su pequeño cortijo. El sol, oculto tras las montañas, mostraba en el cielo pintoresco su típico degradado entre azules y naranjas. El agricultor entumecido y cansado, prendió un cigarrillo mientras saboreaba su merecido descanso. Allí tumbado a la tenue luz del atardecer, se dio cuenta de que ni su casa ni su cortijo estaban ocultos del sol, ni protegidos de calor por nada que hiciese sombra. Este pensamiento fue calando al agricultor semanas atrás, pensando que de gratificante seria su trabajo a la sombra de un buen árbol. Estaba decidido, mañana después del alba sembraría dos pequeñas semillas de abeto, para que creciesen altos y fuertes árboles y en el futuro poder cobijarse bajo su tupida maleza, y verse protegido con su sombra. Y así fue como el agricultor planto sendas semillas al lado de su casa y de su huerto, cada día les dedicaba cuidados, las regaba, las abonaba, y con el tiempo las semillas brotaron en dos pequeñas ramitas. El goce del agricultor era inmenso, aunque aquellas ramitas no fuesen diferentes de las que poblaban bosques o prados, el agricultor las sentía como suyas y las imaginaba como increíbles árboles magnificentes. Pasaron los años, y pronto la ramita se convirtió en tronco, y dio paso a tímidas hojas que acompañaban al pequeño pero ya definido árbol. En los años que pasaron después, el agricultor fue perdiendo un poco la ilusión y entusiasmo, regaba y cuidaba los arbolcillos por costumbre, y esperaba impaciente que creciesen. Las ilusiones del agricultor no tardaron en verse fraguadas por el tiempo. Los árboles habían crecido. Un de los abetos era alto y fuerte, tenia fuertes ramas y tupidas hojas, proyectaba una majestuosa sombra sobre el suelo del cual el agricultor sentía orgullo. En cambio el otro árbol era diferente, no había crecido hacia arriba como crecía un abeto, su ramaje tupido y verde se enroscaba a través del tronco, creando un efecto como de pequeño abrigo a su espero cuerpo, las ramas mas altas crecían en todas direcciones con todo tipo de formas, ramas enroscadas, pequeñas ramitas ordenadas en fila, ramas gruesas con pocas hojas acompañaban a pequeñas con muchas, y así mostraba un espectáculo de colores verduzcos y formas extravagantes a cualquiera que pasase por casa del agricultor. El verano volvió a casa de nuestro joven amigo y este vio, con pequeña desdicha que uno de sus árboles no mostraba sombra tupida a la que guarecerse del calor, se consolaba con su otro abeto pero la mirada estaba fija en su árbol extravagante sin sombra. Había visto otros casos de agricultores con problemas similares, árboles de ramas distraídas que caían y hacían morir al árbol, así que decidió intentar domar aquellas ramas. Después de anudar mas de veinte ramas de todas las formas posibles, tirando para intentar que todas subieran hacia arriba, vio como su pequeño árbol extravagante parecía una maraña de cuerda, como una pequeña nube de azúcar verde, y ya no tenia el encanto de ser extravagante sino parecía mas bien como un preso con camisa de fuerza, así que decidió quitar las cuerdas e intentar ver en aquel árbol lo que no tenían los demás, fuerza, libertinaje, puede que su sombra no fuera tupida o sus ramas altas, pero se mostraba al mundo, no como debía ser, sino como era.





2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Nice idea with this site its better than most of the rubbish I come across.
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2:48 AM  
Blogger Discobanco said...

Ya echaba de menos las historias de Popó, bueno. A ver si actualizais más el blog, que para eso sois muchos... ¡¡Mirad el curro que me pego yo!!

9:47 AM  

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